Palestina e Irán en América Latina
La creciente participación
latinoamericana en asuntos mesoorientales quedó un tiempo atrás en evidencia
con las varias expresiones de apoyo formal otorgadas por toda Sudamérica, menos
Colombia, a través de comunicados oficiales a una eventual declaración
unilateral de un estado palestino.
Por Julián Schvindlerman
Fuente: Radio JAI
Fuente: Radio JAI
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| Abbas y Cristina |
Brasil, de manera
sorpresiva, puso en marcha esa corriente que respondía a un interés clave
palestino en obtener reconocimiento formal a una hipotética realidad que debía
surgir como fruto de las negociaciones bilaterales. Referentes políticos se
esforzaron en justificar la acción presentándola como un impulso al proceso de
paz. Pero ella provocaba, de hecho, lo contrario, al facilitar a la Autoridad
Palestina la obtención de un objetivo político eludiendo el diálogo con el
gobierno de Israel. Si bien los diversos comunicados variaron en algún grado en
su contenido -fundamentalmente acerca de la estipulación de las fronteras
finales del futuro estado- lo cierto es que, en conjunto, constituyeron un
importante respaldo latinoamericano a la diplomacia palestina. Según el
comentarista político norteamericano Jonathan Schanzer, esta iniciativa data
del 2005 y tuvo en el Brasil de Lula da Silva a su más entusiasta promotor. Ese
año, el presidente palestino Mahmoud Abbas visitó Brasil para participar del
primer encuentro de estados sudamericanos y países árabes, dónde supuestamente
recibió la promesa de Lula de gestar respaldo latinoamericano a una declaración
unilateral de independencia palestina en las Naciones Unidas. La visita de
Abbas de noviembre del 2009 a la Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Venezuela
fue un ejercicio de relaciones públicas orientado a sumar adeptos al proyecto.
Al año siguiente la Autoridad Palestina cosechó los frutos de su gestión: en
diciembre de 2010, poco antes de que su mandato finalizara, Lula extendió el
reconocimiento brasilero al estado palestino. En rápida sucesión, Argentina,
Bolivia, Ecuador, Chile, Perú, Paraguay, Uruguay y otros países de la región
anunciaron su propio reconocimiento, sumándose al anteriormente brindado por
Venezuela, Cuba y Nicaragua. (1)
Para febrero del 2011
inicialmente, luego postergada para marzo o abril, y finalmente pospuesta
indefinidamente debido a las protestas masivas en el mundo árabe, se debía
realizar en Lima la III Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del Foro
América del Sur-Países Árabes (ASPA), donde se estimaba sería incluida en la
declaración final una expresión colectiva de reconocimiento al estado
palestino. A fines de marzo aconteció en Montevideo una reunión bajo auspicio
de la ONU “en apoyo de la paz palestino-israelí” con asistencia de delegados de
América Latina y el Caribe, en la cuál representantes palestinos anunciaron que
presentarían a consideración de la Asamblea General el próximo septiembre la
aprobación de una resolución a favor de un estado palestino.(2) Los comunicados
seguramente presagien el papel que jugarán las naciones latinoamericanas en la
ONU si y cuando la iniciativa de declaración unilateral palestina llegara a la
Asamblea General. El viernes 23 de septiembre último, el multipresidente de la
Autoridad Palestina, el movimiento Fatah y la Organización para la Liberación
de Palestina, Mahmoud Abbas, presentó ante el secretario-general Ban Ki-Moon la
solicitud de membresía plena como estado de Palestina, la cual al momento de
escribir estas líneas está siendo estudiada por el Consejo de Seguridad. Varias
naciones latinoamericanas expresaron su apoyo; emblemático al respecto fueron
estas palabras de la presidente Cristina Fernandez de Kirchner, pronunciadas
ante la Asamblea General: “El reconocimiento de Palestina ayudará a crear un
mundo más justo”.(3)
Otro acontecimiento
reciente que mostró el involucramiento regional en temas del Medio Oriente, fue
la respuesta de las naciones latinoamericanas a la crisis en Libia. Perú asumió
un rol de liderazgo ejemplar al cortar lazos diplomáticos con el régimen de Muammar
Gaddafi, adelantándose no solamente a sus hermanos latinos sino prácticamente
al mundo entero. Si con ello Lima ansiaba generar un efecto dominó, no lo
consiguió. Brasil, Chile, Costa Rica y Paraguay, entre otros, rápidamente
condenaron la represión del gobierno libio pero no fueron mucho más allá. La
República Argentina demoró su pronunciamiento para finalmente emitir un
comunicado lacónico y de tono judicial. Una vez comenzada la acción militar
internacional contra Libia -a pedido de los rebeldes libios, con respaldo de la
Liga Árabe y validada por una resolución del Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas- la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner dejó
entrever su oposición al afirmar “Los grandes centros de presunta civilización siguen
resolviendo sus diferencias a los bombazos y con violencia”.(4) La presidenta
eligió la ocasión de una recepción dada al presidente de Venezuela, de visita
en el país, para efectuar su declaración de condena. (Durante un viaje a Libia,
en noviembre de 2008, la presidenta había manifestado su admiración por el
líder libio al decir que ambos “hemos abrazado ideas y convicciones muy
fuertes…”).(5) Como era de esperar, Venezuela, Cuba y Nicaragua dieron su apoyo
al coronel Gaddafi. Incluso se especuló con Caracas como destino de fuga
posible del dictador libio. Debe recordarse que los presidentes Daniel Ortega,
Hugo Chávez, Fidel Castro y Evo Morales fueron receptores del Premio
Internacional Muammar Gaddafi a los Derechos Humanos (USD 250.000 en efectivo)
concedido por Trípoli en años recientes. Mientras Gaddafi enviaba tanques y
aviones a reprimir a la población -la cual según él, lo amaba y estaba
dispuesta a morir en su defensa, y alegaba que Al-Qaeda estaba detrás de las
protestas -Hugo Chávez coreaba “viva Libia y viva Gaddafi”, Daniel Ortega
telefoneaba al coronel para darle su apoyo y Fidel Castro acusaba a la OTAN, no
a Gaddafi, por la violencia. Con Gaddafi culpando al fundamentalismo islámico y
Castro a las fuerzas del Atlántico Norte, el comentarista Moisés Naím
irónicamente lamentó el dilema de los presidentes de Nicaragua y Venezuela que,
“para evitar tener que tomar partido por Fidel o por Muammar, concluirán que la
desestabilización de Libia es una operación conjunta de la OTAN y Al-Qaeda”.(6)
La eliminación de Osama
Ben Laden en un operativo comando estadounidense en Pakistán, en mayo, ilustró
las reacciones disímiles en la zona. Países tales como Brasil, Colombia, México
y Perú destacaron la acción; Cuba, Ecuador, Uruguay y Venezuela, la criticaron.
“Ninguna muerte debe ser celebrada” aseguró el canciller de Uruguay Luis
Almagro. El canciller ecuatoriano, Ricardo Patiño, señaló que “Lo que ha hecho
Estados Unidos es absolutamente desproporcionado, absolutamente injusto y es
gravísimo”. El vicepresidente de Venezuela, Elías Jaua, protestó la alegría de
los norteamericanos mientras el Ministerio de Relaciones Exteriores venezolano
emitió un comunicado censurando “la barbaridad y la ilegalidad” estadounidense
y se expresó opuesto a “combatir terror con más terror”. Fidel Castro afirmó
que la operación de los Navy Seals “viola las leyes del país y ofende su
dignidad” en tanto que medios oficiales cubanos presentaron la noticia bajo la
mirada de un esfuerzo norteamericano en desviar la atención mundial de la
campaña militar montada contra la Libia de Gaddafi. El gobierno argentino ni
aplaudió ni censuró la acción, limitándose a condenar ambiguamente “a quienes
utilizan la política o la religión para cometer acciones criminales”. El
presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, saludó a Barack Obama “por ese gran
golpe contra el terrorismo” mientras que su par mexicano Felipe Calderón alabó
su “perseverancia en el combate”. La más entusiasta felicitación la dio el
presidente del Perú, Alan García, quien atribuyó el “primer milagro de Juan
Pablo II” el “llevarse del mundo a la encarnación del mal”.(7)
Si la atención
latinoamericana al Oriente Medio quedara restringida al ámbito de lo
declarativo y lo diplomático, aún con su ocasional patetismo, el impacto
estaría acotado. Por momentos, sin embargo, la interrelación entre estas dos
zonas luce real e incluso, peligrosa. A comienzos de abril tomó notoriedad
mundial una nota publicada en la revista brasilera Veja que denunciaba la
presencia de unos veinte miembros de grupos extremistas musulmanes en Brasil.
Según la publicación, integrantes de Al-Qaeda, Hamas y Hizbullah operan en
suelo brasilero, desde donde recaudan dinero, difunden propaganda, reclutan
militantes y planean atentados. Basándose en documentos de la policía local, de
la CIA e Interpol, Veja informó que reside allí desde los años noventa el
libanés Khaled Hussein Alí, uno de los responsables del aparato propagandístico
de Al-Qaeda. Desde San Pablo coordina a miembros del así llamado Batallón Mediático
Jihad en diecisiete países, atendía (hasta su muerte) las traducciones de los
mensajes de Osama Ben-Laden y su divulgación. La revista dio cuenta de la
presencia en el país de los egipcios Hesham Ahmed Mahmoud Eltrabily y Mohamed
Alí Abou Elezz Ibrahim Soliman, ambos acusados por las autoridades egipcias de
participar en el atentado contra turistas en Luxor en 1997, que dejó un saldo
de sesenta y dos muertos. El libanés y estos dos egipcios fueron apresados y
posteriormente liberados. El Supremo Tribunal Federal denegó asimismo los
pedidos de extradición de Egipto alegando que las pruebas no eran suficientes
en un caso, y que hubo errores de traducción y de tipo formal, en el segundo.
Veja indicó que en la zona de la triple frontera entre la Argentina, Brasil y
Paraguay hay células activas de Hizbullah y Hamas que procuran pasaportes
falsos de Brasil, México, Portugal y España a militantes arribados del Oriente
Medio. La nota consignó que dos brasileños convertidos al Islam, Alan Cheidde y
Anuar Pechliye, fueron entrenados en Afganistán y retornados al Brasil para
asistir a la falsificación de pasaportes. La policía federal arrestó, en 2005,
a una veintena de extremistas de Foz do Iguaҫu con más de mil doscientos pasaportes falsos.
Esta banda, liderada por el libanés Chaim Baalbaki y el jordano
Sael Basheer Yahya Najib Atari, también había arreglado casamientos de
terroristas árabes con madres solteras brasileñas, a razón de USD 500 por
casamiento, luego reconocían a sus hijos como propios obteniendo así la
residencia y evitando la extradición. La revista asimismo denunció los viajes
frecuentes a Brasil del iraní Mohsen Rabbani, ex consejero cultural de la
embajada iraní en Buenos Aires sobre quien pesa una “notificación roja” de
INTERPOL para su captura por su participación en el atentado contra la AMIA en
1994, en el que fueron muertas ochenta y cinco personas. Se atribuye a Rabbani
haber reclutado a por lo menos veinte jóvenes de los estados de San Pablo,
Pernambuco y Paraná para adoctrinamiento religioso en Teherán. No por nada el
procurador general de Brasil ha advertido que “sin que nadie lo perciba, está
surgiendo una generación de extremistas islámicos en el país”.(8) En América
Latina residen de cuatro millones y medio a seis millones de musulmanes,
mayormente sunitas. Irán podría ver a la minoritaria comunidad chiíta como una
base de reclutamiento para la promoción de sus intereses radicales.(9)
El exposé de Veja no ha
hecho más que agregar una cuota de legítima alarma a la ya existente preocupación
por la apreciable presencia iraní en la zona. El académico israelí Ely Karmon
ha sido pionero en documentar los fuertes lazos de la República Islámica de
Irán con Latinoamérica.(10) Si bien Irán y la región gozaban de relaciones
previas, fue a partir del ascenso de Mahmoud Ahmadinejad al poder que los
vínculos fueron estrechados, especialmente con los países que conforman el
núcleo duro del populismo y del anti-occidentalismo regional; aunque no
solamente con ellos: en la última década Irán ha casi duplicado el número de
embajadas en la región.(11) A partir del 2005 puede advertirse un reforzamiento
de la política exterior iraní hacia América Latina bajo un enfoque regional, ya
no meramente bilateral. “La República Islámica de Irán ha expandido sus relaciones
con América Latina… en todos los aspectos en años recientes” dijo Ahmadinejad
ante la Asamblea General de la ONU en septiembre del 2010.(12) Entre los
múltiples objetivos perseguidos por Teherán, Karmon menciona su interés en
propagar el chiísmo (tribus wayuu en Venezuela y totxiles en México fueron
colectivamente convertidas), ampliar la base operativa de Hizbullah (desde la
Triple Frontera hacia Bolivia, Venezuela, Brasil y otros lugares), ganar apoyo
diplomático en foros internacionales para su programa nuclear ilícito (en
votaciones en la ONU en los últimos años algunos países latinoamericanos se han
abstenido o han votado a favor de los intereses iraníes), obtener uranio,
materia prima esencial para su desarrollo nuclear (en mayo de 2009, el New York
Times reprodujo un cable de Associated Press que consignaba una denuncia
israelí referida a la provisión de uranio a Irán por parte de La Paz y
Caracas), acotar el impacto de las sanciones económicas mundiales al crear un
mercado alternativo (como puede apreciarse por las múltiples joint-ventures
entre Irán y varios países de la región), y en general erigir un contrapeso a
los Estados Unidos de América -que tiene tropas en países fronterizos de Irán-
en una zona de influencia tradicional de Washington como ha sido históricamente
América Latina.(13)
Foros, congresos y
conferencias han servido como marcos para la interrelación. Así, conforme este
investigador israelí ha indicado, la Conferencia Internacional sobre América
Latina en Teherán, titulada “Desarrollo en América Latina: su papel y su status
en el futuro sistema internacional”, en 2007, contó con partícipes de la
Argentina, Brasil Cuba, Colombia, Ecuador, Uruguay y Venezuela (dos hijos de
Ernesto “Ché” Guevara fueron invitados). El mismo año tuvo lugar el “Primer
Congreso Internacional de Literatura Latinoamericana” en Irán, ocasión en la
cual el canciller iraní anunció la apertura o reapertura de embajadas de su
país en varias naciones latinoamericanas. En 2009 se realizó en el Líbano el
“Foro Internacional de Beirut para la Resistencia, Antiimperialismo,
Solidaridad entre Pueblos y Alternativas”. El evento, organizado por Hizbullah,
contó con la asistencia de cuatrocientos delegados, muchos de ellos
latinoamericanos. Estos encuentros posiblemente hayan tenido inspiración en
asambleas anti-globalización organizadas entre 2003 y 2005 en Yakarta, Bombay,
Beirut y Porto Alegre, siendo el 2005 la primera vez que Hizbullah fue invitada
a una reunión de este tipo.(14) Asimismo, el presidente iraní ha visitado
frecuentemente la región, aterrizando en Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador
y Brasil, en tanto que funcionarios de alto rango de esas naciones, y de
Uruguay, viajaron también a Teherán.
Un telegrama del 2009,
filtrado por Wikileaks, revelaba la inquietud que la creciente infiltración
iraní despierta en Washington. Según el cable, la Secretaria de Estado Hillary
Clinton envió una larga lista de preguntas a sus embajadas en América Latina
consultando a propósito de la magnitud del papel de Teherán en la región.
Conocidos como PIR (Priority Intelligence Requirements) se buscaba conocer
cuales eran los objetivos de la república islámica en la zona, que órganos de
la burocracia iraní coordinaban las actividades, como expandía su influencia
cultural y religiosa, y el alcance de las acciones hostiles desplegadas, entre
otras consultas.(15) Varios acontecimientos -previos y posteriores- a la
expresión de preocupación de Foggy Bottom han dado cuenta de cuan pertinente es
la alerta.
El 19 de julio de 1994, el
vuelo 901 de Alas Chiricanas partió desde la localidad de Colón hacia la Ciudad
de Panamá con veintiún personas a bordo. Nunca arribó a destino. Un sujeto
llamado Jammal Lya explotó una bomba en pleno vuelo provocando la muerte a
todos los pasajeros y la tripulación, entre los que se hallaban doce miembros
de la comunidad judía local. Su cuerpo fue el único no reclamado y una
agrupación desconocida, Ansar Allah, clamó la autoría del atentado. Oficiales
del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América oportunamente
dejaron trascender sus sospechas de que esta agrupación era o bien un subgrupo,
o bien un seudónimo, del movimiento terrorista libanés Hezbollah.(16) Por haber
ocurrido un día después del atentado contra la sede de la comunidad judía de la
Argentina, AMIA, este hecho brutal no cosechó la atención debida fuera de
Panamá y Centroamérica. Pero puede haber marcado la tercera instancia
sangrienta de terror islamista en Latinoamérica, después del atentado contra la
embajada de Israel en Buenos Aires, en 1992. El año pasado fue arrestado en
Tijuana Jameel Nasr, presunto responsable de las operaciones de Hezbollah en
México, lo que generó interrogantes referidos al posible nexo entre la
agrupación libanesa y los carteles de la droga mexicanos, hábiles infiltradotes
de la frontera con el vecino del norte.(17) El informe del Departamento de
Estado titulado International Narcotics Control Strategy Report 2009 señala que
agentes de la DEA (Drug Enforcment Agency) han establecido un nexo entre carteles
de la droga colombianos y lavadores de dinero del Medio Oriente afiliados a
Hezbollah.(18) Los esfuerzos del grupo terrorista libanés por introducirse en
Latinoamérica pueden verse también en el acuerdo firmado con el estado español
en 2004 para la difusión satelital de la programación de su canal de
televisión, Al Manar, a toda América Latina. Bajo fuertes presiones
internacionales, España posteriormente canceló tales transmisiones. El patrón
de Hezbollah, sin embargo, tendrá su propio canal de televisión en español en
América Latina para fines de año. Llamado HispanTV, emitirá por señal satelital
y sin cargo “Directamente desde Irán a tu casa” según se promociona. Según
informó La Nación, la cadena ya tiene corresponsales en la Argentina, Perú,
Ecuador y Venezuela.(19)
Irán parece sentirse tan
cómodo en la región que sus emisarios se permiten provocar abiertamente a las
sociedades que los acogen. Tal el caso del embajador iraní en Montevideo,
Hojjatollaj Soltani, quién -el mismo mes de los aniversarios de los atentados
terroristas en suelo argentino y cielo panameño- minimizó públicamente el
Holocausto. “Tal vez murieron, asesinaron, a unos, no sé, miles de judíos. Pero
esa cifra, dos millones, cuatro millones, seis millones, eso es una mentira…”.
Luego de fuertes protestas de la comunidad judía, el canciller uruguayo Luis
Almagro (quién en abril había visitado Teherán) condenó las aseveraciones del
delegado iraní con estas palabras: “Uruguay condena los dichos del embajador.
Para nosotros, definitivamente, el Holocausto es un hecho histórico innegable,
en función de lo que establecen las resoluciones de las Naciones Unidas”.(20) A
su vez el Ministro de Defensa de Irán, Ahmad Vahidi, a pesar de tener bajo su
cabeza una “notificación roja” de INTERPOL que alerta a propósito de la
existencia de un pedido de captura sobre él, viajó en mayo a Bolivia para ser
recibido oficialmente por las autoridades locales. Ante protestas de la
Argentina, Vahidi abandonó el país. La Ministra de Justicia boliviana defendió
la presencia del iraní allí, pero la cancillería hizo llegar a Buenos Aires un
pedido formal de disculpas, que posteriormente durante una visita al país el
presidente Evo Morales trasladó personalmente, en una reunión privada, a
autoridades de la DAIA. Pero el hecho de que Bolivia haya permitido el ingreso
y salida de un prófugo de la justicia de un país hermano -acusado de estar
vinculado a un atentado que provocó también la muerte a ciudadanos bolivianos-
en lugar de haberlo puesto a disposición de oficiales argentinos, es un
comentario más elocuente del posicionamiento de La Paz ante Irán que las
disculpas formales e informales posteriormente esgrimidas.(21) En esta
atmósfera, no debe sorprendernos que quien fuera Secretario de Defensa de los
Estados Unidos, Robert Gates, se manifieste perturbado “por el nivel de
actividad subversiva que Irán está llevando a cabo en un número de países
latinoamericanos y especialmente en su centro y sur…”.(22)
De todas las naciones
latinoamericanas, la Venezuela de Hugo Chávez ha sido la mejor anfitriona de
Irán. Sumado a los cientos de acuerdos económicos firmados a lo largo de los
años, cabe citar otras áreas de cooperación. Existe un vuelo transoceánico
entre Teherán y Caracas, con escala en Damasco. El vuelo no es comercialmente
rentable, no admite pasajeros comunes y no está sujeto a control aduanero
regular. Algunas universidades venezolanas enseñan farsí. Fábricas iraníes
fueron montadas en zonas rurales remotas y son custodiadas por iraníes.
Ostensiblemente dedicadas a la fabricación de bicicletas o tractores, fueron
ubicadas en regiones ricas en uranio o minerales determinados. Chávez, debe
recordarse, fue premiado por Ahmadinejad por apoyar el programa nuclear de los
ayatollahas. A mediados de mayo, el diario alemán Die Welt informó que Irán
estaba construyendo bases lanzadoras de cohetes en la Península de Paraguana.
Hizbullah, FARC y ETA reciben patrocinio venezolano. El año pasado, líderes de
Hamas, Hizbullah y la Jihad Islámica Palestina se reunieron con Hugo Chávez en
los cuarteles de la Inteligencia Militar venezolana en Caracas. Un simpatizante
de Hizbullah de ascendencia siria, Tarek el-Aissami, fue el responsable de la
agencia de pasaportes venezolana, ministro de justicia e interior y
vice-canciller; su padre ha alabado públicamente a Sadam Hussein y a Osama
Ben-Laden y su hermano está asociado en el negocio de la droga a Walid Makled,
un traficante sirio-venezolano buscado por la justicia norteamericana. En 2008,
Washington definió al diplomático venezolano apostado en Damasco y Beirut,
Ghazi Nasr al-Din, como agente de Hizbullah, en tanto que Nawaf Musawi,
director de relaciones internacionales del Partido de Allah, participó ese
mismo año en al menos un evento en la embajada venezolana en Beirut en
conmemoración del fracaso de un golpe de estado contra Chávez, quién, a su vez,
fue el primer líder mundial en felicitar a Ahmadinejad por su victoria
electoral en el 2009, la cual fue considerada fraudulenta por gran parte de la
población iraní. La isla Margarita, otrora paraíso turístico, se ha convertido
en zona de entrenamiento de operativos islamistas. A fines de abril último, The
Arab Times reportó que ciudadanos de Kuwait, Bahrein y Arabia Saudita están
siendo entrenados en Venezuela en el armado de bombas, comisión de asesinatos,
secuestros y transporte de rehenes por integrantes de las Guardias
Revolucionarias iraníes.(23)
En Venezuela, que expulsó
años atrás a los embajadores estadounidense e israelí, el antisemitismo y el
antisionismo son oficialmente promovidos. Alrededor de cuarenta y cinco
menciones antisionistas o antisemitas pueden hallarse diariamente en la prensa
venezolana. “¡Maldito eres estado de Israel!” dijo poco tiempo atrás por
televisión el propio presidente. Chávez tildó a Israel de ser un ente nazi en
el 2006, para castigar a Colombia la definió como “el Israel de América Latina”
en el 2009, y en 2005, dirigiéndose a indígenas en ocasión de un aniversario
del descubrimiento de América, Chávez afirmó “ustedes fueron expulsados de su
patria como el heroico pueblo palestino”.(24) La propia comunidad judía, con
acceso limitado o nulo al gobierno, ha padecido el hostigamiento del régimen
chavista. Dos veces fue allanada una institución hebrea central, en plena
capital, bajo el pretexto de la búsqueda de armas. La sinagoga Tifferet Israel
fue profanada. En junio de 2008, el embajador venezolano en Moscú denunció un
golpe de estado contra su gobierno y acusó al Mossad y a “ciudadanos
venezolanos pero judíos” de participar del complot.(25) En la Navidad del 2005,
Chávez lamentó públicamente que “algunas minorías, entre ellas los
descendientes de los asesinos de Cristo, se han apoderado de las riquezas de
este mundo”.(26) Desde que Chávez asumió el poder, cerca del 50% de la
comunidad judía emigró de Venezuela.(27)
La relación de Brasil con
Irán ha causado una gran sorpresa en algunos rincones. Como potencia regional y
referente mundial emergente junto a China, India, Rusia y Sudáfrica, Brasil se
ha posicionado como un nexo entre el primer y el tercer mundo capaz de jugar un
rol global constructivo. Solamente entre 2005-2010, Brasil dio USD 5000
millones en asistencia mundial: USD 3200 millones en préstamos y cancelaciones
de deudas a países pobres y USD 1900 millones en ayuda humanitaria, becas de
estudio, capacitación técnica y otros.(28) Domésticamente ha cosechado logros
apreciables: Brasil será sede del Mundial de Fútbol en 2014 y de las Olimpíadas
en 2016, su economía ha crecido notablemente, y tanto Lula da Silva como su
sucesora Dilma Rousseff han gozado de índices de aprobación popular elevados
(Lula tenía un 80% de apoyo popular al dejar el poder mientras que la primera
presidente mujer del país, al cumplir los primeros cien días de mandato, era
respaldada por el 73% de los brasileros). ¡Incluso Walt Disney Company ha
ambientado uno de sus últimos films animados -Rio- en Brasil! Sin embargo,
durante los tramos finales de su segundo mandato, el presidente Lula pareció
girar en U de modo dramático, llegando a desafiar los intereses de los Estados
Unidos en la región en varias áreas y consolidando un vínculo con Irán que
parecía inconcebible poco tiempo antes. Al igual que Chávez, Lula respaldó los
dudosos resultados electorales de Irán, invitó al presidente iraní a su país y
él mismo visitó Teherán. También apoyó el derecho de Irán a tener un programa
nuclear “civil”, se opuso a la aplicación de sanciones contra el régimen
ayatollah y abrió un diálogo con Teherán que fue seriamente cuestionado por
varios actores globales. Durante la reunión de la Asamblea Anual de INTERPOL en
Marruecos, en 2007, Brasil se abstuvo en la votación que validó la emisión de
“notificaciones rojas” contra figuras prominentes del gobierno iraní por su
relación con el atentado contra la AMIA en la Argentina, república hermana del
Brasil que había iniciado el pedido. Nuevamente se abstuvo Brasil, en el 2009,
en la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), en Viena, cuando se
debatió la cuestión nuclear iraní a contrapelo de los votos favorables de la
Argentina, Estados Unidos, Rusia, China y la Unión Europea.(29) En mayo de
2010, Brasil se unió a Turquía en un intento de proteger diplomáticamente a
Irán de la inminente adopción de sanciones internacionales patrocinadas por
Washington. Incluso en aspectos simbólicos desvinculados de la cuestión iraní,
como ser visitar la tumba de Yasser Arafat en Ramallah, pero negarse a visitar
la tumba de Theodor Herzl en Jerusalem, durante una visita a la región en 2010,
puede apreciarse la orientación ideológica que Lula había dado a su política
exterior. El Brasil de Lula también se abstuvo en votaciones en el seno de la
Comisión de Derechos Humanos contra Sri Lanka, Congo y Corea del Norte, aunque
votó contra Sudán en el Consejo de Seguridad. Lula definió a Chávez como “sin
duda el mejor presidente venezolano en los últimos cien años”, mientras que su
última visita a Fidel Castro quedó recordada como un gran bochorno al coincidir
con la muerte de un opositor encarcelado en huelga de hambre. Lula, cuyo
Partido de los Trabajadores fue uno de los creadores del Foro Antiglobalización
de Porto Alegre, evitó ser premiado en el Foro de Davos alegando un impedimento
médico a viajar a último momento. Además, Lula contrarió a la Casa Blanca al
apoyar la reincorporación de Cuba a la Organización de Estados Americanos
(OEA), cuya Carta Magna explicita que sólo democracias pueden ser miembros; dio
cobijo diplomático al depuesto presidente de Honduras y aliado chavista Manuel
Zelaya; protestó el acuerdo entre Estados Unidos y Colombia para el uso estadounidense
de bases militares en el país centroamericano; y adoptó un tono público
tercermundista que contrastaba con su imagen anterior más moderada.
Al asumir la presidencia a
comienzos de 2011, Dilma Rousseff despertaba dudas dado su pasado guerrillero y
marxista. Su cercanía con Lula, quién la eligió como sucesora, podía sugerir
una continuación de las políticas controvertidas de su mentor. Pero sus
primeros pasos en la arena internacional han resultado ser mucho más centristas
que los de su predecesor, hasta el momento al menos. Su pasado feminista y de
militante torturada por militares la llevó a condenar las prácticas de derechos
humanos en Cuba e Irán, y en un giro respecto de las últimas votaciones en la
ONU, Dilma hizo que su país votara a favor de crear un relator de derechos
humanos para Irán. Nombró como canciller a Antonio Patriota, un bien reputado
ex embajador en Washington. Por su parte Estados Unidos dio señales claras de
su interés en rescatar a Brasil del legado de Lula. La Secretaria de Estado
Hillary Clinton estuvo presente en la asunción de Dilma como presidenta, un 1
de enero, lo que seguramente la obligó a limitar los festejos del año nuevo. El
presidente Barack Obama ha viajado a Brasil a mediados de marzo, aún cuando
estaba ya iniciada la contienda bélica en Libia. Ello fue interpretado como un
signo de aproximación de Washington hacia Brasilia, primera capital visitada en
un programa que incluía tan sólo a Chile y El Salvador además.(30)
Incidentalmente, Lula fue el único ex presidente brasilero en no asistir al
almuerzo ofrecido en honor de Obama en el Palacio de Itamary. Dilma condenó el
bombardeo de la OTAN sobre Libia y obstaculizó durante meses una condena de
Siria fomentada por Washington en el Consejo de Seguridad, Obama no apoyó las
aspiraciones brasileras a obtener una banca permanente en dicho Consejo, lo
cual -junto con desacuerdos comerciales pendientes- sugiere que habrá tensión
en la relación. No obstante, es evidente que el Brasil de Rousseff se ha
apartado de la diplomacia populista de Da Silva de su último año,
particularmente en torno a Teherán.
La Argentina, a su vez, ha
mantenido una política ambivalente hacia Irán. Su relación con la teocracia
islámica quedó fuertemente alterada a partir de los años noventa cuando agentes
de Hizbullah perpetraron el primer atentado islamista en América Latina
(voladura de la embajada de Israel en Buenos Aires, en 1992, 29 muertos) y el
peor ataque antisemita en la diáspora desde el fin de la Segunda Guerra Mundial
(voladura de la sede de la AMIA en la misma ciudad, dos años más tarde, 85
muertos). Tomando distancia del gobierno de Carlos Menem, acusado de obstruir
el progreso en la causa de la investigación, el matrimonio Kirchner dio un
impulso considerable a la misma, denunciando a Irán en foros internacionales,
solicitando a INTERPOL la captura de sospechosos iraníes y designando a un
fiscal judío y dotarlo de los medios para poder llevar adelante una
investigación judicial efectiva. Con todo, algunos hechos han creado un marco de
duda a propósito del posicionamiento del oficialismo ante Teherán, a saber: a)
la cercanía ideológica de los Kirchner con países aliados a Irán -Venezuela,
Bolivia, Ecuador y Nicaragua especialmente-; b) las sospechas del uso político
de la causa AMIA para denostar al predecesor; c) la curiosa relación de figuras
del gobierno con Luis D´Elía, líder popular antisionista sumamente cercano a la
embajada iraní; d) el hecho de que bajo el gobierno de Cristina Fernández de
Kirchner el comercio bilateral haya crecido sustancialmente; e) que la
delegación argentina ante la ONU en Ginebra no se haya retirado de la sala
cuando Mahmoud Ahmadinejad comenzó a hablar en el marco de la reunión
denominada Durban II, en abril de 2009; y finalmente e) que el gobierno no apoyó
al diplomático argentino Rogelio Pfirter en su nominación como director general
de la OIEA, siendo él entonces visto favorablemente por Washington y
desfavorablemente por Teherán, entre otras consideraciones.
A fines de marzo último,
el diario Perfil publicó una noticia que generó una polémica de envergadura.
Uno de sus principales columnistas, citando un documento secreto, denunció la
existencia de negociaciones en curso entre Buenos Aires y Teherán donde el
primero abandonaría la causa judicial abierta contra el segundo a cambio de
mejoras en el intercambio comercial.(31) El gobierno israelí reaccionó
airadamente, tildando de “gravísima” a la noticia, advirtiendo que, de
confirmarse, la conducta argentina constituiría “una manifestación de infinito
cinismo y deshonor a los muertos”, y poniendo en duda la invitación previamente
extendida al canciller argentino para visitar Jerusalem.(32) El fiscal de la
causa AMIA, Dr. Alberto Nisman, negó rotundamente el alegato periodístico y
dirigentes comunitarios se sumaron a la desmentida.(33) El gobierno, sin
embargo, permaneció en silencio. El embajador israelí en Buenos Aires, Daniel
Gazit, pidió aclaraciones al Ministerio de Relaciones Exteriores del país pero,
aún diez días después, informaba el Jerusalem Post, “no recibió ninguna
respuesta oficial”.(34) La primera reacción pública la dio el canciller
argentino desde Israel. Interrogado por la prensa, inicialmente eludió tocar el
espinoso tema invocando preceptos de la Torá y apelando a la memoria del padre
muerto, el famoso periodista Jacobo, en unas parábolas insólitas que provocaron
desconcierto. Finalmente, Timerman aseveró lo siguiente, que fue interpretado
como un repudio al informe de Perfil: “No hay ninguna evidencia de que la
Argentina haya cambiado su curso de acción, que comenzó en 2003 con la elección
de Néstor Kirchner, en que el objetivo de nuestro país es investigar el tema de
los atentados a la AMIA y a la embajada de Israel”.(35) Perfil, por su parte,
no contribuyó a aclarar las cosas al negar acceso a la documentación que sirvió
de base para la noticia ante un pedido del Centro Simon Wiesenthal, lo que
llevó a esta organización judía internacional a lamentar la decisión del diario
pues ella “puede desacreditar la validez de aquellos señalamientos”.(36) En
este ambiente de dudas y ante una denuncia tan grave, era esperable una
contundente desmentida, acreditada en un comunicado oficial cuyo texto escrito
disipara toda ambigüedad. Desafortunadamente ello nunca ocurrió.
En vísperas del último
aniversario de la voladura de la AMIA, el gobierno iraní ofreció a la Argentina
participar en un “diálogo constructivo” y extendió la cooperación para “aclarar
las circunstancias” de un atentado que la fiscalía nacional atribuyó al propio
Irán.(37) La propuesta era tan transparentemente falsa y provocativa que AMIA y
DAIA emitieron un comunicado conjunto afirmando, correctamente, que las
declaraciones iraníes “no resultan creíbles”.(38) Pero la cancillería argentina
no pareció opinar lo mismo. El Palacio San Martín emitió un comunicado
definiendo al pronunciamiento iraní como “inédito y muy positivo”.(39) Al mes
siguiente, en el marco de una gira por Brasil, Uruguay y Paraguay, Alí Ahani,
viceministro de relaciones exteriores de Irán, dijo al diario Folha de Sao Paulo
que su país “podría nombrar embajador en la Argentina” pues “es el único país
de América Latina donde Irán tiene un encargado de negocios en lugar de un
embajador”. El funcionario aseguró que su nación “condenó” el atentado, que
trasladó sus “condolencias” a los familiares de las víctimas, que ofreció su
“colaboración” para identificar a los culpables y expresó su deseo de que ambos
países pueda superar los “malentendidos” que los han separado.(40) El gobierno
argentino eligió responder oficialmente a Irán en el marco de la Asamblea
General de la ONU por medio de la propia presidente. Durante su discurso,
Cristina Fernández de Kirchner dijo que la Argentina “no puede ni debe”
rechazar una oferta de diálogo de Teherán y expresó sus deseos que tal diálogo
fuese “constructivo, sincero y con resultados”. Es cierto que la presidente
agregó que el mismo debía ser creíble y no “una maniobra dilatoria o
distractiva” y que su país no dejaría de lado los requerimientos de la
justicia.(41) Pero la apertura estaba hecha y pareció confirmar las
revelaciones vertidas en Perfil. Máxime ante el hecho de que el representante
argentino ante la ONU en Nueva York, Jorge Arguello, fue instruido de
permanecer en el recinto de la Asamblea General durante el discurso del presidente
iraní quién, una vez más, provocó la salida de la sala de varias delegaciones
presentes con el extremismo furibundo de sus declaraciones.
Los ánimos, tanto en
Buenos Aires como en Teherán, parecían estar cambiando. Apenas unos meses
antes, en octubre del año anterior, el gobierno iraní había presentado una dura
carta a las Naciones Unidas en respuesta a la solicitud argentina de juzgar a los
oficiales iraníes acusados de perpetrar el atentado contra la AMIA en la cual
acusaba a la República Argentina de cooperar con grupos terroristas -“en
particular con la conocida Organización Muyahidin Jalq”- decía que la comunidad
musulmana “continúa aislada y discriminada en la Argentina”, pedía que las
autoridades desistan “de reiterar las improcedentes hipótesis y lugares comunes
inventados”, e instaba a que se protegiesen “los derechos fundamentales” de los
iraníes acusados.(42) El interés iraní en realizar su anuncio bombástico a
mediados de julio posiblemente pueda explicarse como un intento en desplazar la
atención de la opinión pública a su respecto de la “participación” en el
atentado a la “cooperación” en dilucidar el mismo. Las razones detrás de la
respuesta oficial argentina lucen un poco más misteriosas.
El gobierno todavía debe
una explicación a la sociedad a propósito de su cercanía política con el
piquetero Luis D´Elía. En marzo último, el juez federal Daniel Rafecas reveló
que las reiteradas manifestaciones que acontecen frente a la embajada de Israel
pueden estar siendo organizadas por D´Elía con financiamiento de la embajada
iraní.(43) No obstante las serias implicancias de tal denuncia, el gobierno
eligió no despegarse del mentado sujeto. Cabe notar que en ocasión del
lanzamiento de un movimiento que lidera D´Elía, en un acto multitudinario en el
Luna Park, la presidenta ofreció su respaldo en un video. Entre los
concurrentes al acto estaba el representante de Irán en la Argentina y, para esos
mismos días, D´Elía había entrevistado radialmente a Mohsen Rabbani, dándole
una plataforma pública a un prófugo de la justicia argentina para desmentir sus
presuntos viajes al Brasil. Además, el piquetero había viajado a Irán en el
pasado.
La Argentina de los
Kirchner desconcierta en otras áreas también. Néstor fue capaz de organizar una
cumbre opositora a un presidente estadounidense de visita oficial en el país,
como ocurrió con el presidente George W. Bush en 2005 (45.000 activistas de
izquierda se amontonaron en un estadio para la ocasión); Cristina llegó a
acusar a la CIA de realizar una “operación basura” cuando autoridades
norteamericanas señalaron la existencia de un financiamiento clandestino
chavista de su campaña electoral; la cancillería puede sermonear a EE.UU. por
bombardear Libia a la par que la agencia de noticias oficial Télam suscribe un
acuerdo de información con la Agencia de Noticias Árabe Siria (SANA) mientras
el régimen de Bashar el-Assad reprime militarmente a manifestantes pro-democracia;
y el gobierno puede aplaudir un premio periodístico dado por la Universidad de
La Plata a Hugo Chávez mientras éste combate fieramente a la libertad de
expresión en su país. Estos hechos dan cuenta de la cosmovisión ideológica de
un gobierno al que, benignamente, desde el extranjero se lo suele caracterizar
como “inclasificable”. (Agenda Internacional)
Labels: Antisemitismo




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