El carisma, ese secreto entre el líder y la gente
"También, de las épocas económicamente duras: en las crisis, es difícil mantener cualquier carisma"
Por Joseph Nye*
Fuente: El Clarín
En
las elecciones presidenciales de 2008 en los EE.UU., la prensa dijo que Obama
ganó porque tenía “carisma”, una capacidad especial para inspirar fascinación y
lealtad.
En
ese caso, ¿cómo puede ser incierta su reelección tan sólo cuatro años después?
¿Puede un dirigente perder su carisma? ¿Procede el carisma de la persona, de
sus seguidores o de la situación? Según las conclusiones de una encuesta
reciente, se sabe “relativamente poco” sobre quiénes son los dirigentes
carismáticos. Dick Morris, asesor político norteamericano, informa que “el
carisma es el más esquivo de los rasgos políticos, porque no existe en la
realidad, sino sólo en nuestra apreciación , una vez que un candidato ha
triunfado gracias a esfuerzos denodados y planteamientos idóneos”.
Es
más probable que los partidarios atribuyan carisma a los dirigentes cuando
sienten una necesidad apremiante de cambio , en el marco de una crisis
personal o social. Por ejemplo, el público británico no consideró a Winston
Churchill un dirigente carismático en 1939, pero, un año después, su visión,
su confianza y sus aptitudes para la comunicación le granjearon carisma, ante
la angustia de los británicos después de la caída de Francia y de la evacuación
de Dunquerque.
Y
más adelante, en 1945, después de que la atención del público se centrara en la
creación de un Estado del bienestar, en lugar de en la necesidad de ganar la
guerra, los votos expulsaron de su cargo a Churchill. Su carisma no
pronosticaba la derrota, pero el cambio en las necesidades de sus partidarios
sí.
En
la práctica, “carisma” es un vago sinónimo de “magnetismo personal”.
Las
personas varían por su capacidad para atraer a otras y su atracción depende
en parte de rasgos inherentes, en parte de aptitudes adquiridas y en parte del
marco social.
Algunas
dimensiones de la atracción personal, como, por ejemplo, el aspecto personal
y la comunicación no verbal se pueden poner a prueba.
Diversos
estudios muestran que las personas consideradas atractivas reciben un trato más
favorable que las que no lo son. Según las conclusiones de un estudio, un
hombre apuesto cuenta con una ventaja sobre un rival que no lo sea que
representa entre un seis y un ocho por ciento del voto. En el caso de las
mujeres, la ventaja es de casi diez puntos.
En
las elecciones de 2008, los norteamericanos se sentían desilusionados por la
guerra de Bush en Irak y por la crisis financiera que estalló dos meses antes
de las elecciones. Obama era un candidato joven y atractivo que hablaba bien e
infundía esperanza para el futuro. Está claro que ésa es una razón por la que
Obama consiguió fama de carismático. Pero parte de su carisma estaba en los
ojos de sus partidarios . Quizá porque la sociedad mira como en un espejo.
Cuando empeoró la economía, aumentó el desempleo y Obama tuvo que afrontar la
complicada tarea de gobernar, el espejo se empañó.
El
carisma nos dice algo sobre un candidato, pero aún más sobre nosotros, el
estado de ánimo de un país y la clase de cambio que deseamos.
También,
de las épocas económicamente duras: en las crisis, es difícil mantener
cualquier carisma.
Labels: FILOSOFIA




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